La humanización de las mascotas: ¿es mi perro mi amigo o es…mi perro?


Iván Alejandro Uresti Botello

Las mascotas son amigos que queremos mucho, pero, ¿qué pasa cuando estas son demasiado humanizadas?


Los animales son eso, animales, fueron hechos por la naturaleza para vivir libres, cazando y corriendo por bosques y praderas. Cuando el humano descubrió la domesticación hace 40.000 años convertimos a los lobos salvajes en perros hechos para protegernos, eventualmente incluso logramos diseñar animales mediante crianza selectiva. Este tipo de crianza se basa en reproducir a los animales dependiendo de sus habilidades, hasta conseguir un perro, por ejemplo, apto para perseguir liebres.

Es el caso de distintas razas como el perro salchicha (dachshund), que fue criado para meterse en madrigueras de tejones y otros animales de madriguera y poder cavar para atraparlos; o el caso de los galgos ingleses (greyhound) que fueron hechos para atrapar presas rápidas como liebres.

Esto genera que al estar en las casas estos busquen cumplir con sus funciones biológicas, lo cual acaba en su mayoría con muebles rotos o la casa totalmente destruida. El desastre se genera debido al estrés y a la energía del animal, ya que si un ser diseñado para cavar un túnel y buscar un conejo está en una sala con un mueble y mucho tiempo libre, seguramente va a hacer un túnel a través del sofá para reducir su estrés y cansarse.

Este tipo de animales tienen que sacarse a correr, dejarlos que se ensucien y, en definitiva, dejarlos ser animales, esto se ha llevado al extremo de hacer carriolas para perros o gatos en las cuales sus dueños los “sacan a pasear” sin que tengan que caminar o cansarse… Incluso ya existen los psicólogos para perros, para que los mejores amigos de hombre se rehabiliten de traumas psicológicos.

Aquello me lleva a pensar que el humano ha pasado de criar animales para cumplir funciones específicas, como cazar o proteger, a intentar convertirlos en versiones pequeñas de nosotros mismos. Antes el perro acompañaba al hombre a cazar o a cuidar su hogar, ahora lo vestimos, lo subimos a carriolas y hasta lo llevamos a terapia cuando actúa como lo que es: un perro. Esta humanización, aunque nace del cariño, muchas veces olvida que los animales tienen instintos naturales y necesidades propias. En lugar de dejar que sean lo que la naturaleza diseñó, los obligamos a vivir bajo reglas humanas, y al final terminamos frustrados porque el perro rompe un sofá o cava en el jardín. Quizá el problema no es el perro, sino nuestra insistencia en tratarlo como si fuera una persona.

El mundo ha pasado de que el perro fuera la terapia para la ansiedad de un humano y de que el perro guiara al ciego… a que ahora el perro vaya a terapia para reducir los problemas naturales que tiene: como sus problemas al escuchar ruidos agudos que tiene de forma natural y no son problemas del perro.

Aunque esta tendencia no tiene un origen concreto, puedo utilizar la teoría del psicoanálisis de Freud para estudiarla, y de hecho: Freud en persona analizó el comportamiento de su perro Jofi durante el siglo XIX, un ejercicio que revela cómo él mismo aplicaba sus teorías a aspectos cotidianos y a la vida más allá de sus pacientes. Freud observó distintas conductas y reacciones emocionales en su mascota, lo que le ayudó a desarrollar conceptos sobre la proyección y la transferencia emocional. Actualmente, no hay un origen concreto, solo existen teorías sobre la evolución de la ciencia, que se han ido diversificando a lo largo de los años.

Estos psicólogos para perros son usados para que el perro aprenda a comunicarse con el humano, en vez de utilizar un entrenamiento físico se utilizan distintas técnicas como el análisis conductual o el mostrarle cómo actuar mediante ejemplos prácticos y el uso de condicionamiento conductual sin el uso de castigos, sino utilizando premios cuando el perro hace algo bien o uno de sus problemas se supla.

Según Hellen Faus estas técnicas son únicamente farsas para ganar dinero mediante la humanización de los animales, aunque también en su artículo se explica que a pesar de que hay muy buenos entrenadores cuyo trabajo es real, el llamar a esto terapia es falso, ya que la gran mayoría de “expertos” son en realidad veterinarios normales que, a pesar de tener el máster en etología, no saben realmente cómo actuar en estos casos.

Es el caso del perro de esta autora, el cual, como ella lo describe: es idiota. Ella (Hellen Faus) intentó llevarlo con distintos etólogos los cuales únicamente le decían que su caso era serio e intentaban darle drogas al perro para reducir su comportamiento en vez de buscar suplir sus comportamientos utilizando técnicas de psicología, ella describe que a pesar de que fue con muchos expertos al final terminó estudiando etología y al hacerlo se dio cuenta de que realmente esta terapia no es realmente útil.

La conclusión es clara: adoptar un enfoque integral hacia la salud y bienestar del perro, que incluya una buena alimentación, ejercicio regular y un entrenamiento adecuado, no solo mejora la calidad de vida del animal… que es justo eso: un animal. Lo de llevarlo al psicólogo hay que dejárselo a los humanos… y me incluyo entre estos.

Colegio Médico Veterinario de Chile | Opinión: Psicólogos caninos y ejercicio ilegal de la profesión

La «psicología canina» no existe – Hellen Faus

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