(Semana temática de Harry Potter) Ana Gabriela, Camila, Hugo, Diego.

En la década de los noventa, cuando los vientos mágicos soplaban con fuerza sobre las tierras del altiplano potosino, un brillante mago llamado Luis Armando Bernal Jácome decidió unir la ciencia con la magia. Doctor en Química por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y maestro en el arte de las pociones, el Dr. Bernal vivía entre matraces, libros antiguos y fórmulas que desafiaban la lógica de los muggles. Era un mago encubierto, un estudioso que comprendía que la ciencia y la magia no eran opuestas, sino hermanas separadas por la ignorancia del tiempo.
Un día, al descubrir que su hija Gabriela había heredado su don mágico, supo que debía actuar. Así nació su participación en la creación de Hogwarts México, un lugar donde los jóvenes magos de esta tierra pudieran aprender sin temor ni secretos.
El Dr. Bernal fundó su propia casa bajo un lema que reflejaba su esencia:
“Tranquilos, analistas, calculadores.”
Su casa, Ravenclaw México, no buscaba la fama ni la fuerza, sino la calma del pensamiento y el poder del conocimiento. Era un refugio para las mentes inquietas, los observadores y los soñadores científicos que veían la magia como una ecuación aún por resolver.
Entre sus primeros alumnos destacó Gabriela, brillante en el estudio de las pociones y cuidadora de criaturas mágicas, siempre empeñada en cumplir sus deberes con perfección. También Camila, apasionada por los hechizos de invisibilidad y conductora del programa estudiantil de noticias mágicas, quien lograba desaparecer del ojo público justo cuando más la buscaban.
Hugo, tres veces campeón del torneo de Quidditch mexicano, encontraba placer en descifrar las matemáticas mágicas, convencido de que los números eran hechizos con forma de símbolo.
Y junto a ellos estaba Diego, un joven mago con una mente tan precisa como un reloj encantado. Era capaz de realizar complejos cálculos aritméticos en cuestión de segundos y dominaba con maestría los hechizos de audición, con los cuales podía detectar conversaciones lejanas, vibraciones sonoras ocultas o incluso melodías mágicas que flotaban en el aire. Sus habilidades lo convirtieron en un aliado indispensable para las investigaciones de la casa, pues podía escuchar lo que los números susurraban entre sí.
Pero toda casa necesita un espíritu guardián. Y Ravenclaw México encontró el suyo en Gertrude Elion, la gran bioquímica y farmacóloga que, tras su vida en los Estados Unidos, eligió manifestarse como fantasma en estas tierras para apoyar al Dr. Bernal. Su presencia etérea guía a los estudiantes con sabiduría científica y una sonrisa translúcida, recordándoles que el conocimiento nunca muere, solo cambia de forma.
Desde entonces, los pasillos de Ravenclaw México resuenan con el murmullo de libros que se abren solos, el chisporroteo de calderos burbujeantes y las plumas que escriben ecuaciones brillantes en el aire.
Porque quienes pertenecen a esta casa no solo lanzan hechizos: los comprenden, los analizan y los reinventan.


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