Papá
Maité Dinorah Méndez Arce
Mi papá, Ángel Alexi Méndez Fernández, siempre será para mí un ejemplo de resiliencia, esperanza, amor, alegría, coraje y pasión. A lo largo de su vida demostró que, incluso ante las dificultades, siempre se puede enfrentar todo con una sonrisa.
Su pasión por el arte y el amor por su trabajo fueron, y seguirán siendo, una fuente constante de inspiración para mí.
El optimismo, entusiasmo y valentía con los que vivió reflejan que las personas buenas dejan una huella imborrable: son rayos de luz que iluminan cada día, que transmiten esperanza e ilusión para alcanzar los sueños, y que enseñan, con su ejemplo, cómo amar profundamente a la familia.

Ángel Alexi Méndez Fernández nació el 2 de junio de 1982, en Frontera, Centla, Tabasco, a las 6:30 de la mañana. Fue el segundo de 3 hijos, y desde pequeño fue un niño alegre, obediente y muy sencillo. Creció en una familia llena de fiestas, música y tradiciones, lo que marcó profundamente su amor por el arte. Su padre, Ángel Méndez, fue quien le enseñó a tocar el teclado, instrumento con el que más tarde comenzaría su camino en el mundo artístico. Durante su niñez y adolescencia, Alexi acompañaba a su papá a tocar en hoteles, bares y fiestas familiares, mostrando siempre entusiasmo y dedicación. Realizó sus estudios primarios en la Escuela Santos Degollado, en la Colonia Atasta, y cursó la secundaria en la Alfonso Caparró Santamaría, donde destacó como un estudiante aplicado. Más adelante se formó como promotor cultural en la Escuela La Ceiba (2001), donde reafirmó su pasión por el arte y la enseñanza, una combinación que definiría toda su vida. Alexi comenzó tocando el teclado junto a su padre, aunque, como él mismo contaba, al principio no le pagaban. Hasta que su mamá, Martha Fernández, y su abuela intervinieron para que lo hiciera. Desde entonces, cada vez que ganaba dinero, Alexi solía comprarle ropa a su mamá y a sus hermanos, además de darles regalos en días festivos como Navidad, Año Nuevo o sus cumpleaños, demostrando su generosidad y cariño desde muy joven.

A lo largo de su formación artística aprendió danza folclórica, contemporánea, jazz y ballet, y participó en el Ballet Tradicionalista del Estado de Tabasco, bajo la dirección del maestro Luis Jiménez. Su talento lo llevó a presentarse en teatros, plazas públicas y festivales dentro y fuera del estado. Con el tiempo, audicionó para formar parte del Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández, donde quedó seleccionado. Aunque no cumplía con la estatura promedio de los bailarines, su carisma y entrega le ganaron un lugar en la agrupación (2002).

Durante su tiempo con la agrupación de Amalia, Alexi recibió numerosas ofertas gracias a su talento y dedicación. Viajó constantemente a distintos estados para presentarse, lo cual al principio le resultaba muy satisfactorio, pues siempre tuvo claro lo bueno que era en lo que hacía. Sin embargo, con el paso del tiempo, factores como los bajos pagos de la agrupación, el cansancio de tanto viajar y la nostalgia por estar lejos de su familia y su tierra natal lo llevaron a tomar decisiones muy importantes. Rechazó oportunidades extraordinarias, entre ellas una oferta para ir a bailar a Italia, con tal de permanecer cerca de los suyos.

Alexi comenzó a dar clases de baile en escuelas de Tabasco. Ahí, muchas de sus alumnas le pedían que les hiciera las coreografías para sus XV años o para otro tipo de fiestas, dónde a veces terminaba siendo el chambelán de sus alumnas.
En Tabasco, conoció a dos personas muy importantes: Jaime Arce y “Chucho”. Junto a ellos dos comenzó a aprender a zanquear, cosa que al principio se le dificultaba mucho, pero nunca perdió el interés de dejar de practicar. Cuando podía, Alexi se subía a los zancos en su casa, y recargaba sus manos en el techo para evitar caerse, después de mucha perseverancia, estuvo listo para comenzar a ir a trabajar. En sus primeros eventos tuvo tropiezos, como cuando se puso los zancos al revés y se cayó, pero no se desanimaba… él mismo se reía de sus errores.

En el 2007, a sus 25 años, Alexi conoció a Karo Arce, a través de su amigo Jaime, hermano de ella. En ese tiempo, Alexi ya daba clases de danza en Tabasco y se presentaba en eventos. Karo lo vio por primera vez durante una de sus imitaciones de Juan Gabriel, y aunque al principio pensó que era gay por su interpretación tan convincente, pronto descubrió su verdadera personalidad: divertida, apasionada y llena de energía. A ella le gustaba acompañar a Alexi para verlo zanquear, disfrutaba de ver cómo hacía reír a los demás, y contagiaba su alegría a donde sea que fuera. Poco después, su talento lo convirtió en un zanquero reconocido en Tabasco, dónde participó en fiestas, procesiones y eventos culturales.
A finales de enero de 2008, Alexi invitó a Karo a un evento en Chetumal, Quintana Roo. Antes de confirmar su asistencia, le preguntó si contaba con el permiso de sus padres, y Karo le aseguró que su padre sí se lo había concedido, aunque en realidad no era cierto. Confiado en su palabra, Alexi organizó el viaje con ella.
El trayecto se realizó en una van, y al llegar, asistieron a una feria al aire libre en un pueblo cercano. Se hospedaron en un hotel y, por la noche, acudieron al evento. Tras concluir, Karo le confesó a Alexi que no tenía permiso y que, posiblemente, sus padres la expulsarían de casa al regresar.
A la mañana siguiente emprendieron el regreso a Tabasco. Durante el viaje, la madre de Karo la llamó insistentemente, pero ella no respondió. Al llegar, Karo se comunicó con su madre para avisarle que estaba de camino a casa, a lo que su madre respondió que su padre la esperaba muy molesto y que “la iba a correr”. Karo, angustiada, contestó que “mejor ya no llegaba a la casa y mejor se iba con Alexi”. Tras colgar, miró a su novio y le dijo: “¿qué crees?, me corrieron”, dejando a Alexi completamente sorprendido.
Ante la situación, Alexi invitó a Karo a quedarse en su casa. Ella subió a su habitación mientras él conversaba con sus padres para explicar lo sucedido; su madre finalmente aceptó recibirla. Al día siguiente, la madre de Karo se comunicó con su hija para pedirle que regresara, pues su padre se había calmado y quería hablar con ella. Karo accedió a ir por la noche, acompañada de Alexi.
Al llegar, Alexi esperó a una distancia prudente mientras Karo entraba a su casa. Ella prometió mantener comunicación por mensaje en caso de cualquier problema. La conversación con sus padres derivó en una fuerte discusión que terminó como ella había anticipado: tomó sus pertenencias y se marchó. Al verla con sus maletas, Alexi la abrazó y le preguntó: “¿es en serio?”, a lo que Karo respondió: “sí, pero tu mamá sí me va a aceptar en su casa?”. Alexi la tranquilizó diciéndole: “sí, y no te preocupes, si no nos aceptan nos vamos a ir a otro lugar, yo haría cualquier cosa por ti.”
A partir de ese momento comenzaron a vivir juntos. Con el tiempo, una frase pronunciada por Alexi quedó grabada en la memoria de ambos: “yo no me quería casar, ni vivir con nadie, ni tener hijos, pero desde que te conocí cambié de opinión.”
En febrero del 2008, Karo quedó embarazada de su primera hija, y aun así lo acompañaba a todos los eventos. La pequeña Maite nació el 30 de noviembre del 2008. A mediados del año siguiente, cuando su hija tenía seis meses, la familia decidió mudarse a San Luis Potosí, aunque esta decisión fue muy repentina. La idea surgió del papá de Karola, quien, en una plática familiar, les ofreció una casa en dicha ciudad. Alexi siempre amó mucho a Karo, además, sabía que a ella no le gustaba Tabasco, así que cuando se le dio la oportunidad de irse, Alexi, por hacerla feliz, aceptó.
Una vez en la ciudad potosina, Alexi trabajó vendiendo casas y créditos, pero pronto encontró la manera de volver al arte, ya que desde Tabasco él estaba decidido a continuar con los eventos en San Luis. En una ocasión conoció a un zanquero llamado Iván, y dado que Alexi siempre fue alguien extrovertido, no dudó en acercarse a ofrecerle la idea de buscar lugares para ir a presentarse en eventos. Iván fue la primera persona con quien comenzó a presentarse y debido a otras circunstancias, Iván se fue. Tiempo después conoció a César Aguilar, un animador de micrófono con quien formó una gran amistad. Alexi, nuevamente, propuso la idea de trabajar juntos, inicialmente Alexi era el único zanquero, pero después, le enseñó a César a zanquear, formando así el grupo “Zancus”, presentándose en semáforos, festivales y shows locales. Sin embargo, César decidió crear su propio proyecto, por lo que se separaron, aunque sin perder la amistad. Fue entonces cuando Alexi dio forma a su propia idea: crear una batucada, un concepto que en ese momento no existía en San Luis. Así nació “Batuguapos”, inspirado en los ritmos brasileños que él conocía desde Tabasco. La idea fue tan innovadora que de su grupo surgieron muchas otras batucadas en el estado. Alexi fue el creador, organizador y líder de este grupo, que tiempo después cambiaría su nombre a “Batuzancus”. Enseñó a sus compañeros, amigos e incluso a su hermano los ritmos, diseñó vestuarios, consiguió los instrumentos y desarrolló el concepto visual del grupo (2009)

El primer evento en el que participó Alexi fue en un supermercado, donde permaneció cuatro horas interpretando la misma pieza. Aunque solo habían ensayado un día antes, disfrutó cada instante de aquella experiencia. Mi mamá y yo, cuando era pequeña, pasamos todo ese tiempo recorriendo los pasillos mientras él tocaba, orgullosas de verlo dar sus primeros pasos en la música.
En el año 2010, durante una de sus presentaciones en los cruceros de los semáforos de San Luis, fue visto por Ana Torre, directora general del Colegio Montessori. Impactada por su energía y entusiasmo, Ana lo invitó a presentarse en un evento escolar. Tras su participación, Alexi le pidió la oportunidad de formar parte del colegio, a lo que ella accedió con la condición de que presentara su currículum. En él descubrió no solo a un artista, sino a un maestro con un enorme talento, empatía y creatividad. Así comenzó una de las etapas más significativas de su vida profesional: su carrera como maestro de arte, danza y teatro en el Colegio Montessori.
Con el nacimiento de su segundo hijo en 2011, Alexi enfrentó una lesión en la pierna ocurrida durante un partido de fútbol. Aunque al principio no le dio importancia, el dolor aumentó con el tiempo y tuvo que usar un yeso durante varios meses. Aun así, retomó su trabajo con la misma pasión de siempre.
En esos años, creó un show de payasos en el que volvió a colaborar con César, inspirándose en “Los Chicharrines”. Con el paso del tiempo incorporó a nuevas integrantes, como Ameyalli Nolasco, quien trabajó con él durante muchos años, desde 2016 hasta su fallecimiento, y continuó su legado.
En el Montessori, Alexi se volvió una figura muy querida por alumnos y maestros. Transformaba sus clases en espacios llenos de alegría, creatividad y expresión. Entre sus proyectos más importantes destacan los musicales El Rey León (estrenado el 2 de junio de 2018, en su cumpleaños), La Bella y la Bestia (2019) y el Festival por la Paz (2023), presentado poco después de su fallecimiento.
Cada uno de estos proyectos implicó meses de trabajo, ensayos, coreografías, ediciones y esfuerzo conjunto entre Alexi y toda la comunidad Montessori. Su creatividad fue el motor de grandes espectáculos que marcaron una época dentro del colegio. Algunos de sus alumnos afirmaron que, después de su partida, el ambiente del Montessori cambió y ya no hubo proyectos tan grandes como los que él había dirigido.
Alexi diseñó personalmente todos los vestuarios del musical La Bella y la Bestia: los trajes de platos, tenedores, el reloj y el ropero fueron creados desde cero, cada uno con su toque característico.
Durante la pandemia (2020–2021), cuando las clases eran en línea, Alexi demostró una vez más su compromiso y creatividad. Se disfrazaba de Santa Claus para alegrar a sus alumnos y decía en tono de broma que “Alexi no podía dar clase, así que Santa lo sustituiría”. Utilizaba incluso a su conejo como parte de las actividades para hacer reír a los más pequeños, grababa videos bailando y me pedía ayuda para editarlos o participar en ellos. Su objetivo siempre fue mantener viva la ilusión de sus estudiantes, aun en medio de la distancia y la incertidumbre.
Al terminar la pandemia, regresó al Montessori con su energía habitual. Las batucadas, los eventos escolares y su vida familiar continuaron con normalidad.
Uno de los eventos más recordados fue el Festival de la Primavera en Ciudad Valles, San Luis Potosí. En él participaron compañeros de distintos años, su esposa, sus hijos y varios amigos. El viaje fue una experiencia inolvidable, llena de risas y compañerismo, aunque también muy demandante: cuatro horas caminando bajo el sol del estado. Durante el desfile, Alexi no podía permanecer quieto; bailaba con el público y contagiaba alegría a todos. Fue un día agotador, pero lleno de recuerdos que hoy se evocan con cariño.

En los meses posteriores, Alexi continuó asistiendo a los eventos a pesar del dolor físico que ya lo acompañaba. En mayo de 2023 comenzó a experimentar complicaciones de salud derivadas de su antigua lesión que, con los años, le había provocado una trombosis mal tratada. Aunque siguió trabajando con entusiasmo, el uso constante de analgésicos terminó afectando gravemente su salud pulmonar.
El domingo 11 de junio de 2023, Alexi fue llevado al hospital por su amigo Poncho, quien había notado su creciente agotamiento durante los eventos. En esa semana y media de hospitalización recibió la visita de su familia: su madre, su hermana, su cuñado y sus sobrinas viajaron desde Tabasco para acompañarlo.
Aun desde el hospital, Alexi continuaba enviando mensajes a sus compañeros para coordinar eventos y escribía a sus hijos para animarlos. Sin embargo, su estado se fue complicando. La noche anterior a su fallecimiento, su esposa Karo llamó a sus hijos para avisarles que la situación era crítica. Horas después, el 30 de junio en la madrugada. su madre los despertó con la noticia de que Alexi había partido.
El día del velorio se convirtió en una reunión masiva llena de amor y gratitud. Desde las primeras horas llegaron alumnos, exalumnos, colegas, amigos y familiares de distintas partes del país. Incluso César, que ya no se encontraba en México, se unió por videollamada para despedirse. Nadie quiso dejar solo a Alexi.
Poco después, se realizó un homenaje en el Colegio Montessori, donde asistieron estudiantes de todas las generaciones. El campo se llenó de flores y mensajes rodeando su retrato: frases de cariño, gratitud y recuerdo como “Realmente me enseñó a amar la música”, “Tú dijiste que no eras una estrella, que eras formador de estrellas; te equivocaste, ahora eres una hermosa estrella que brilla con fuerza”, y “Gracias por siempre dedicarnos tu sonrisa”.
Alexi fue alguien que dejó una gran huella en quienes lo rodearon. Su energía, su pasión y su cariño siguen vivos en quienes compartieron con él momentos y música. Aunque ya no esté físicamente, su recuerdo se mantiene vivo en cada nota y en cada persona que aprendió algo de él.
Así, Alexi Méndez vive para siempre como una estrella que nunca deja de brillar.
Homenaje a Alexi Méndez realizado por Casa y Taller Montessori:


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